Thursday, December 13, 2012

El arca perdida y los besos de Marion.


A los 18 años recién cumplidos me saqué el carné de conducir. Mi madre no se creyó que me lo hubiera sacado a la primera, lo que por un lado me llenó de orgullo y por otro me cabreó bastante. Que la misma mujer que me parió con sudor y lágrimas dudara de mis habilidades automovilísticas me ofendió un poco, aunque he de decir que su desconfianza se vio dolorosamente confirmada cuando le destrocé el coche en un viaje volviendo de Portugal, en una curva que quizá hubiera debido tomar un poco mas despacio. Independientemente de mi evidente inexperiencia al volante, una constante sucedía cada vez que me subía a la máquina: Unas irresistibles ganas de seguir adelante, hacia el final de la carretera, persiguiendo el horizonte. Durante muchos años he intentado psicoanalizarme a mi mismo para entender esta urgencia del marchar siempre. La huida, el miedo, la aventura, la fantasía, la masturbación mental y varias otras razones se me han ocurrido como posibles causas de esta mi obsesión por la carretera. Al final lo he aceptado como algo que tiene que ver con mi naturaleza y ya no le doy mas vueltas. Quizá un profesional me hubiera tumbado en el diván y habría conseguido ahondar en lo mas profundo de mi infancia para encontrar el terrible trauma que es el causante de todo, y después de varias sesiones y unos cuantos cientos de euros menos en mi cuenta, consiguiera extirpar de mi interior este "problema" que es el incansable amor por la ruta. No sólo por razones económicas sino porque no me sale de los cojones que me extirpen nada, me quedo con mi trauma y esta obstinada necesidad por seguir adelante.

Algo ha cambiado, sin embargo, en estos 19 años desde que la ley me permitió manejar una máquina que me lleve algo mas rápido que una bicicleta. Ahora vivo en dos mundos: El mundo de la comodidad -mi ciudad, mi casa, el sofá, el trabajo sencillo y bien remunerado-, y el mundo de la aventura -la carretera, la moto, la inseguridad, el miedo, la emoción, la sangre, la diarrea-. Uno es incompatible con el otro. Y a la vez se complementan, pues no puedo vivir sólo en uno de ellos. Esto no tendría por que ser ningún problema, el mismísimo Indiana Jones tenía sus temporadas de profesor aburrido con gafas, hasta que le llegaba un alemán con mala hostia que le despertaba y le ponía las pilas.

Ahí también duele.
Pero a diferencia del Jones, que sabía cuando estaba en clase y cuando andaba de peleas y corriendo delante de bolas gigantes, y no mezclaba los dos mundos ni siquiera cuando Marion le daba besitos tiernos en el camarote del barco, a mi se me entrelazan lo cómodo y lo aventurero con demasiada frecuencia. Me he dado cuenta de ello después de diez días de compartir viaje con Mike. También me pasó un poco con Búfalo y Alicia, pero con ellos solo estuve tres días. Me hubiera gustado compartir mas kilómetros con ellos pero iban a un ritmo distinto al mío.


Mike y Don Solaris, en la frontera.
Mike es un americano encantador que un día hace un par de meses decidió que se compraba una moto -su primera moto- y se iba a recorrer centro América, con dos cojones. Me lo encontré en la frontera con El Salvador y nos caímos bien, así que cruzamos juntos El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica. Esto es algo inusual pues normalmente no me gusta rodar con gente mas de un par de días seguidos. A veces, pocas, uno tiene la suerte de encontrar un compañero de viaje compatible. El problema de viajar con alguien es que es cómodo, fácil, seguro. Te lleva de vuelta a ese mundo que habías abandonado cuando arrancaste la moto el primer día del viaje. La aventura se dulcifica, se hace tranquila. Es un poco como volver al sofá. Llevar a alguien delante en la carretera, que abre camino, que sirve de guía (sobre todo cuando él tiene GPS y tú tienes un mapa roñoso borrado por la lluvia), es confortable. Los agujeros de la carretera se ven antes, los topes llegan con aviso, las curvas cerradas no lo son tanto pues ya sabes la velocidad a la que tomarlas. Es como llevar a un copiloto a tu lado que te va dando instrucciones, pero sin el coñazo de recitartelas al oído como le hacía Luis Moya al pobre Carlos. Al llegar a una ciudad, en los barrios de dudosa seguridad siempre da mas tranquilidad estar con alguien. Perderse no es tan dramático cuando alguien se pierde contigo. Por no hablar del increíble estrés de cruzar las fronteras. Siendo dos, la tensión desaparece… Y con ella parte de la aventura. Y eso es lo negativo del "mundo cómodo".

En el "mundo cómodo" (cuando uno viaja acompañado) la interacción con la gente local -que en mi opinión es una de las razones mas importantes para viajar- disminuye notablemente y se convierte en una opción, no en una necesidad. A veces es necesario perderse para conocer algo nuevo. Con un compañero de viaje es mucho mas improbable acabar perdido en medio de la nada, pues son dos cerebros, dos mapas y al menos un GPS ayudando a que eso no pase.

El copiloto delante, y Roro detrás.
Pero lo verdaderamente negativo del mundo cómodo no es todo esto. La verdadera putada que el mundo cómodo nos hace es que nos acerca a la felicidad. La felicidad tiene mucho que ver con la seguridad. Es difícil ser feliz cuando uno no sabe si le va a caer un misil en la cabeza cada día (algo que tanto los Palestinos como los Israelitas saben bien. Bueno quizá un poco mas los Palestinos, pero no entremos en polémicas). Y por qué debería preocuparme el estar mas feliz? Porque la felicidad y la confortabilidad son enemigos de la creatividad. Hala, todo el mundo a ofenderse ahora y a ponerme ejemplos de artistas que eran muy felices y a la vez podían crear grandes obras maestras. Hablo de la felicidad como el equilibrio interior, como la falta de conflicto emocional. Claro que uno puede estar feliz con su trabajo y su familia y sus hijos y su coche y su chalé en Torrevieja y a la vez poder crear algo interesante. Pero si no hay conflicto interno no hay creación dramática. Es por eso que Julio Alpuy, artista Uruguayo y gran amigo al que echo de menos demasiado, decía que el verdadero, el auténtico y sincero artista, es siempre un solitario. Y no se refería a la soledad como la falta de amigos (él tenía muchos y muy buenos), sino a una soledad interior, una desolación espiritual. Entonces, cuando uno está cómodo, o digamos mas bien para no ofender, hablando sólo de mi, cuando estoy más cómodo y más seguro mi capacidad creativa disminuye demasiado. Se me quitan las ganas de ponerme delante del teclado, de la cámara o de la sala de edición. No es que no pueda, si uno se pone la inspiración llega. Es que no tengo energía, estoy demasiado ocupado estando cómodo. Los grandes genios, como Woody Allen, trabajan todos los días. Pero el maestro Woody no es precisamente el paradigma de la felicidad, lo que de alguna manera confirma mi teoría... 

Es por todas estas razones que llevo muchos días sin escribir ni grabar nada medio decente. De todas formas no me viene de sorpresa, ya sabía que me pasaría. Lo bueno de cumplir años es que uno se va conociendo. Lo malo, claro, es que cada vez me soporto menos. En cualquier caso yo ya sabía que durante el tiempo que compartiese con este gran tipo con el que he cruzado casi toda Centro América no estaría demasiado inspirado para nada creativo. Y no me importa, creo que la experiencia de viajar con alguien, especialmente cuando uno va en moto, es positiva en muchos otros sentidos. Quería vivirla y ya. Cual es el problema entonces? Que el mundo cómodo es muy adictivo. La misma razón por la que los animales no huyen del zoo (excepto los bobalicones de la película de animación esa que no aguanto). Y ahora echo de menos esa comodidad. No tener al copiloto dictando instrucciones me hace sentir inseguro otra vez. Creo que respetaría más a Jack London si hubiera escrito un libro titulado "La llamada del sofá" en lugar de "la llamada de la selva". Con una guía interactiva de como huir del tresillo y empezar a vivir.

Me he preguntado muchas veces el por qué de esta presión que siento por crear. No se si es una necesidad real o es mi búsqueda personal de aceptación, de valoración, de que se me considere algo diferente e importante. No estoy seguro de si lo que busco es una palmadita en la espalda que me haga sentir bien, o verdaderamente necesito sacar algo de mi, expresar mis movidas mentales, o intentar fijar la belleza en una imagen fija o en movimiento. Sea lo que sea, es una forma de esclavitud. También es una forma de libertad, lo que hace las cosas incluso mas jodidas. Como puede un esclavo huir, cuando esa esclavitud es en si misma su propia libertad? No hay solución. La creación te da alas, pero tu juicio de valor sobre tu propia creación te encarcela. Porque no es posible estar satisfecho nunca. Werner Herzog hablaba de esto muy claramente en el documental "Mi enemigo íntimo", que cuenta su relación con Klaus Kinski. Decía que no importa lo que haga, él nunca estará satisfecho con su obra. Eso, en el mundo del arte, es normal. Cuando se extrapola a la vida, al día a día, es una putada. Cuando no estás nunca satisfecho con tu vida, mal asunto. Y cuando además te sientes avergonzado por incluso pensar en estas paridas cuando en el mundo millones de personas se mueren de hambre, peor aún. Hay como una obsesión imperante en el mundo "desarrollado" por encontrar la felicidad. Pero claro, la felicidad del primer mundo es distinta a la del tercer mundo. Cuando no hay que comer, la felicidad es tener comida. Cuando hay comida, la felicidad es que te guste la comida y después echarte una siestecita viendo en la tele el National Geographic. Yo pertenezco, afortunadamente y por ese ganar la lotería que es que te toque nacer en Europa, a la minoría que puede decidir qué comer y que reportaje de animalitos ver durante la siesta. Y sin embargo, desgraciadamente, la urgencia por crear algo importante acaba siempre dando al traste con mi siesta y mis leones lujuriosos corriendo por la sabana detrás de la gacela. Es una maldición. Mas aún cuando el puto mac es de la prehistoria y tarda dos días en recomprimir lo grabado con la 5D.

El equilibrio, Don Solaris, el equilibrio, que me diría mi amigo Rafa. Difícil de encontrar, ese equilibrio. Mañana haré 6 horas en la carretera para llegar a Ciudad de Panamá. Tendré que imaginarme que hay otro Don Solaris delante de mi, abriendo camino, guiandome para tomar las curvas a la velocidad adecuada y advirtiendo de los agujeros en la calzada. Quizá sea esa la manera de encontrar el equilibrio: desdoblarme. Dos es mejor que uno. El Don Solaris de delante cuida del Don Solaris de detrás, y el de detrás provee de la locura y la inconsciencia necesaria para disfrutar el viaje. Así quizá sea mas fácil ser como el Indiana Jones, y encontrar el arca perdida a la vez que disfruto de una siestecita con la Marion encima. Coño, eso sí es vida.




En Nicaragua
Don Solaris adelanta

Con el Búfalo y Alicia Sornosa.



















Salió así de casualidad. O quizá no.











Momentos fronterizos sin estrés y con helado.
En el ferry hacia Ometepe, Nicaragua.
Roro y yo, orgullosos de montar en nuestro primer ferry.





Panamá, costa del Pacífico.
Panamá, costa del Atlántico.

Entrar en un nuevo país después de los papeleos de aduana, una victoria.
El Tunco, El Salvador.
Por una vez unas sandalias no me dieron asco.

Tierra volcánica. El Salvador.

Pues eso, entrando al país.
Roro haciendo amigos

Mike arreglando su BMW.


Por si hace falta una manita.

Rezando en la frontera, o suplicando?



Lluvias en Costa Rica.
Mike abriendo camino, y de verdad.




Roro y yo solos otra vez. Todo seguido, no tiene pérdida: Ushuaia.


9 comments:

  1. Muy buena reflexión , pero buena.

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  2. Me mola mucho como escribes.
    Ánimo y tómate un daikiri a mi salud, Hemingway!

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    1. El daikiri no me gusta mucho, pero me tomaré un whisky a tu salud!

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  3. Dani, me encanta lo que escribes y me emociona tyodo lo que vives. !!!MUCHA SUERTE!!!
    bESOS

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  4. Hoy por fin he podido escribirte así que estoy súper contenta, pero he seguido todos tus comentarios.

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  5. el bufalo, recomendo leer esto que escribiste y la verdad que me quito el sombrero(o mejor la gorra), y ademas me acorde de mi padre que creo que tambien se sentia en cierta medida de esa forma, nose si sera por los genes pero tambien siento algo parecido... suerte

    carlos pc

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  6. Hola guapo!!!
    Llevamos mucho sin saber de ti!!!
    Por donde andas????
    Un besazo, Cris

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  7. Dani sigo leyendo lo que escribes y cómo expresas tu proceso personal. Te deseo lo mejor y que llegues donde tú quieres, o dónde necesitas, muchas veces no es lo mismo. Una cosa es lo que nuestra mente programa y otra lo que nuestro cuerpo puede y necesita hacer realmente.
    En todo caso, cuanto nos sucede es positivo si sacamos una enseñanza de ello.
    Un beso muy fuerte y todo mi cariño
    Flor

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